24.11.11

La larga cadena de la violencia.

Hace unas semanas participé en una Jornada sobre violencia intrafamiliar.

Y aunque en ese encuentro se trataron muchos aspectos diversos que inciden en el problema, hoy quiero enfocar el tema de la violencia de género.

Uno de los aspectos que se señalaron entonces es cómo, en muchos hogares donde el hijo adolescente es violento con sus padres (con su madre, preferentemente) ha existido una historia donde ese chico o esa chica ha sido espectador de repetidas escenas de agresiones contra la madre cometidas por el padre.

La violencia de género, entonces, cada vez muestra más ramificaciones.

Si ya es bien conocido cómo el papel de víctima causa múltiples estragos físicos y emocionales en la mujer, cada vez está más claro que también otras víctimas, en este caso indirectas, presentarán en su vida futura profundas cicatrices.

El tema se ha abordado desde diferentes perspectivas. Incluso se han implicado distintos entes sociales que cada vez son más diestros en la defensa y el castigo: casas de acogida, comisarías de policía, juicios rápidos.

Pero lo real es que el problema persiste.

Parece que se atajan las consecuencias. Pero se obvian las causas.

Porque en el maltrato, como en cualquier otra situación humana, la repetición es la constante. De esta manera, un hombre maltratador ejercerá su agresión contra sus diversas parejas.Y la mujer maltratada repetirá su papel de víctima en sus diferentes relaciones.

Cuando se rastrean las historias, se encuentra la violencia como constante familiar. La violencia como forma de vinculación o como torcido camino de la expresión del amor.


Y si hace unos años la implicación personal en los actos violentos podía escudarse en el desconocimiento, hoy esa careta  ha terminado  por caerse. Aunque se sepa. Aunque se hable de ella. Aunque se lamenten sus consecuencias, la violencia se sigue dando. Porque está arraigada como parte del mismo entramado familiar en muchas casas. Y no basta la información para resolver el problema. Hace falta una labor más profunda, donde esas raíces torcidas queden develadas.

Es justamente ese el trabajo que requieren hacer los adolescentes violentos en el hogar: Rastrear en sus imágenes infantiles lo que ellos repiten en el acto agresivo contra sus madres. Y que de adultos reeditarán contra sus mujeres.

Cierro este post con música. Celia Cruz. Quien hace años ya hablaba de la violencia contra la mujer. Y se dirigía a  la mujer víctima con un discurso claro y nítido. Lamentablemente, algunas mujeres pueden haber bailado el tema justo antes de volver a casa con su enemigo.



Escrito por Esther Roperti

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