Mostrando entradas con la etiqueta psicoterapia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta psicoterapia. Mostrar todas las entradas

13.3.11

¿Quién se desnuda en la psicoterapia?

En la última semana, los medios de comunicación han citado y mostrado a Sarah White, una psicóloga neoyorquina de 24 años de edad que utiliza su propia desnudez como herramienta de trabajo en las sesiones de psicoterapia.

Según esta psicóloga, la excitación que sienten sus pacientes ante su streep tees, es un vehículo positivo para que hablen de su vida interior.

Cuando leí esta noticia, me interrogué acerca de quién es el protagonista en la psicoterapia. Y cómo se ejercita, en la intimidad del despacho, esa repartición de los papeles.

Está claro que, en el caso de Sarah White, la protagonista es ella. Su acto de desnudarse en la sesión la sitúa claramente como foco, como eje. Ella logra ser mirada y en este entramado, el paciente, lo que éste tiene que contar, la problemática que lo trae a consulta, queda como simple música de fondo que acompaña el cuerpo desvestido y exhibido de la profesional.

En otras tendencias psicoterapéuticas, menos extravagantes, también es el especialista quien queda erigido como centro.

Cuando alguien acude buscando ayuda y espera que se le diga qué hacer, cómo actuar, qué pasos seguir, solicitando un manual de instrucciones para vivir, coloca al terapeuta como actor principal. Y cuando el psicólogo se ubica ante esta demanda dictando cátedra, haciéndose cargo activamente de las decisiones del otro, mostrando su superioridad a partir de su supuesto conocimiento de cómo debería el paciente moverse en su vida, el acento reace, sin dudas, sobre el especialista.

Lo importante de un trabajo psicoterapéutico es que el sujeto sufriente pueda hacerse con su vida. Que retome el control. Que adquiera mayor capacidad para tolerar, dirigir y sobrellevar. Que esté más dotado para aceptar los sinsabores y para no desmoronarse ante los embates de la realidad.

Entender por qué se sufre. Por qué se tienen carencias. Por qué se pierde el control, exige que el auténtico protagonista en el trabajo dentro de la intimidad del despacho, sea el paciente. Que la vida que se cuente, sea la suya. Que sea él quien se descubra, se desvista y se desnude ante sí mismo.

Se trata, justamente, de que el paciente aparezca como sujeto singular. Como persona.

Para ello, el silencio y la escucha del especialista son fundamentales.

Cuando vemos una película podemos situar fácilmente  al protagonista por ciertos elementos: Quién tiene más diálogos. A quién enfoca más la cámara. En torno a quién gira la trama argumental.

En la psicoterapia, la distribución de los roles debería también ser nítida y clara: La voz que más se oye, la historia que se cuenta, el punto de mira de la cámara. Todo, debería estar situado sobre el paciente.

Las vestiduras que deberían caer, en el espacio protegido del despacho, no son las del streep tees del especialista, sino aquellos ropajes que han aprisionado, asfixiado y devastado la singularidad más humana del paciente como persona.
Escrito por Esther Roperti

25.2.11

¿Quién escribe nuestro deseo?

Llega un momento en la vida en que las personas nos preguntamos por nuestro deseo.

Un instante fugaz o un período más insistente que de repente llega y  te pone en cuestionamiento la vida que llevas. Lo que haces. A lo que te dedicas. Cómo eres.

Esta es, a veces, la razón que lleva a muchas personas a buscar  psicoterapia. Personas que llegan con una interrogante abierta, no ceñida a un motivo de consulta más estrecho o más constreñido por un síntoma.

En otras ocasiones esta pregunta no es el disparador para buscar ayuda. Entonces se accede a la psicoterapia por otros motivos, por otros síntomas más pegados a la cotidianidad. Pero con el proceso, es muy probable que la pregunta surja.

Y esta pregunta no deja indiferente porque cuestiona el deseo y nuestra construcción como sujetos.

A veces este cuestionamiento se acompaña de un sentimiento de angustia. Otras, de una tristeza aplastante. En ocasiones también existe una vivencia de estar perdido. La sensación es de extrañamiento ante la propia vida que, de pronto, se nos hace ajena, extranjera, extraña.

Norberto Marucco define la situación con un cuadro nítido: "la imagen de un niño atrapado por una historia que no le pertenece. Entonces el destino está. Está ahí, ni más allá, ni más acá... y en realidad se enmascara en los proyectos de vida. Máscaras que ocultan una tragedia: no vivir el propio deseo".
 
Es un momento trágico. Saberse viviendo una vida ajena, remueve. Pero también es un momento fértil. De búsquedas propias, de reescritura.
 
La imagen es la de un guión donde los papeles están diseñados de antemano. Y el puño que ha escrito esas líneas no es el propio. La caligrafía es otra: De la madre y del padre.
 
Cada hijo nace ya con su libreto. Un guión que los padres, sin saberlo, han construido. Desde sus propios deseos, hacen al hijo depositario de ese destino: "Serás importante". "Nunca serás feliz". "Serás un luchador incansable". "Sufrirás con los amores". "No llegarás a nada". Y ese oráculo termina cumpliéndose. Sin cuestionarse. Sin rebatirse. Hasta que un día, la sensación de extrañeza hace su aparición y sacude los pilares.
 
Es entonces el tiempo de la reescritura. Esta vez sí. Con la propia pluma. Con la propia letra.
 
No es una tarea fácil, desde luego. Consiste en vencer al destino, ese destino impuesto y trágico que es deseo de los padres para hacerse dueño, plenamente, de la propia vida.
Escrito por Esther Roperti

1.2.11

La pederastia

Los medios de comunicación, casi a diario, hacen referencia al abuso sexual a menores.
A veces las noticias son tranquilizadoras. Cuando, por ejemplo, la policía logra desarticular una red de pederastia.
Otras veces lo que relatan los periódicos nos impacta. Cuando se habla de las pequeñas víctimas, de su sufrimiento.
Muchas veces, la acción de la policía es posible gracias a la participación de la gente común. Personas que se topan con imágenes terribles en internet y que acuden a la justicia.
El abuso a niños es una de las más monstruosas situaciones que puedan imaginarse. Tiene tal carga de violencia, daño, sinsentido y fragilidad que lesiona también a quién se convierte en involuntario espectador de tales escenas.
El problema es que el abuso muchas veces es invisible. Y en gran número de casos es cometido por personas cercanas al menor.
Los niños no suelen hablar de ello y cargan, silenciosamente, con la experiencia de vejación a la que son sometidos.
Por eso hay que saber escuchar a los niños.
Esto pasa, necesariamente, por la disposición a oírlos, en primer lugar, y en segundo, por estar atentos a ciertos signos que delatan el abuso.
Cambios en el comportamiento, retraimiento, temores nocturnos, conducta sexualmente deshinibida, actitud temerosa, pueden ser indicativos.
Pero sobre todo es en el juego y en la producción gráfica donde los niños plasman su realidad. No hay que olvidar que el lenguaje verbal  pertenece a la adultez, se desarrolla lentamente, y en cambio, la actividad lúdica es propia de la infancia.
Detectar una situación de abuso requiere dos actuaciones inmediatas.
La primera es de índole judicial: hay que separar al niño de su agresor. Cortar la cadena, porque el abuso siempre se escribe en plural, se repite, reincide.
Consecuentemente, también es indispensable castigar al agresor, porque un pederasta puede cambiar de víctima, pero ejercerá nuevamente su forma de sexualidad, consistente en elegir pequeños niños como objetos de su daño.
En segundo lugar hay que atender las profundas heridas que el abuso genera. Graves lesiones físicas y psíquicas que marcan el devenir posterior del niño. Que dejarán una cicatriz dolorosa y amarga el resto de la vida.
Haber sido víctima de pederastia devendrá en desconfianza hacia el otro; causará trastornos en el ejercicio de la sexualidad adulta y arrastrará otros malestares: depresión, autoimagen negativa, ansiedad.
En estos casos, la psicoterapia es una absoluta prioridad.
Escrito por Esther Roperti

3.11.10

Pastillas para todo.

La industria farmacéutica es poderosísima, eso es indudable.
Tiene en sus manos, muchas veces, la vida y la muerte.
En el caso del sida, por ejemplo, el uso de los antirretrovirales es una salvación. Pero es un tratamiento costoso, al que se puede acceder sólo en ciertos medios y lugares, mientras que en otros, la población agoniza por circunstancias económicas adversas.
Hay muchas enfermedades que pasan, necesariamente, por la medicación como cura. Y con la producción, distribución y venta de estos tratamientos (para la diábetes, para la hipertensión, para el hipotiroidismo, para las cardiopatías, para los síntomas psicóticos, etc.) los laboratorios ya están suficientemente enriquecidos.
No obstante, la industria farmacéutica no se conforma, así que amplía cada vez más su campo de acción.
Basta hacer un ejercicio: escríbase en google "medicamentos para" y permítase que el programa complete la frase: la lista se multiplica, existen medicamentos para todo: adelgazar, dormir, ansiedad.
Un segundo ejercicio, complétese la frase con lo más surrealista: para mejorar la autoestima, por ejemplo, y ahí aparecen los antidepresivos.
Para se más inteligente, y encontramos los estimulantes del sistema nervioso central.
Para la timidez, otra vez los antidepresivos.
Para el duelo, para la separación, para el divorcio, para ser feliz...
Para cada escena de la vida, la industria farmacéutica ha patentado un producto que paliará las consecuencias de estar vivo.
Pero no es sólo el dinero, es también el poder.
Por eso la subjetividad en nuestros días no está de moda. Por eso cada vez hay más publicidad dedicada a promocionar productos para los usos más dispares, como dejar de fumar o acabar con el hábito de comerse las uñas, que cierra con el consabido cartel de "este producto es un medicamento".
Cuando se asiste a una psicoterapia y el terapueta, en vez de mandarnos prozac, o lexatín, o anafranil, o rivotril, se empeña en escuchar nuestra queja, en hacernos hablar sobre esa muerte que hemos padecido, o sobre las pesadillas que nos agobian, o sobre esa tristeza que nos acompaña, está actuando contra corriente. No le procura a la poderosa empresa farmacéutica un sólo euro.
Claro que el que sale ganado es el paciente.
Será un tratamiento más largo, porque un duelo normal, por ejemplo, tiene una duración media de dos años. Pero será sin lugar a dudas, más eficaz y respetuoso.
Es como con las medidas para adelgazar: es más fácil tomar pastillas y seguir comiendo. Pero en el fondo, todos sabemos que para bajar de peso nada más efectivo que la vieja receta: dieta y ejercicios.
La medicación para el padecimiento emocional, entonces, algodona, alivia, anestesia el dolor. No lo resuelve.
Aunque la industria farmacéutica se empeñe en demostrar lo contrario, la única manera de superar el padecimiento es hacerse cargo de él, trabajarlo y elaborarlo en psicoterapia. 

28.9.10

"También el pueblo... qué vocación de timbre".

Mafalda, el genial personaje creado por Quino, en una de sus viñetas le explica a su amiga Susanita la problemática del país: "Viene un gobierno y oprime al pueblo; viene otro gobierno y oprime al pueblo" a lo que Susanita responde "También el pueblo...qué vocación de timbre, no?
Esta tira siempre me ha parecido de las más acertadas del dibujante argentino, porque incide directamente sobre una visión que se suele  obviar: nuestra propia responsabilidad sobre nuestro destino.
En psicoanálisis existe también un término para este hecho, "Alma bella", que hace referencia a la tendencia a no ver cómo construimos aquello que luego nos ocurre.
En un post anterior hablábamos también de este tema (me refiero a "La llave de la felicidad", escrito por Marisol Valado), y en facebook un lector atento comentó la publicación con una cita de Borges "Te ves ahora centro del laberinto que tramaron tus pasos".
A veces la gente toca la puerta de un psicoterapeuta para quejarse, desahogarse y descargar su tristeza por las cosas que le ocurren en la vida. Y hay psicoterapeutas que se limitan a escuchar la queja o dirigen sus intervenciones a apoyar ante el sufrimiento. Un remanso de calma para coger fuerzas y seguir aguantando los mismos sinsabores.
Otros psicoterapeutas intentamos plantear el tema desde una nueva perspectiva, incidiendo en el papel activo que cada uno tenemos sobre nuestro quehacer vital. Esta segunda visión a lo mejor es más áspera, pero sin lugar a dudas obliga a adueñarse del papel protagónica perdido.
Las preguntas deben plantearse en primera persona: ¿por qué siempre acabo siendo maltratada?, ¿por qué siempre escojo gente que me traicionará?, ¿por qué me suele pasar que elijo hombres que me abandonan?, ¿por qué de nuevo busco una mujer fría, que no colma mi necesidad de amor?.
Es decir, si sólo se culpa a los gobiernos (como en la viñeta de Mafalda) estamos hechos de un material sin peso, sin consistencia. Es necesario revisar la vocación de timbre (o cualquier otra vocación que suene a oráculo).

4.9.10

Poniendo en duda la normalidad

Muchas veces descubrimos que hay cosas que damos por buenas, que no cuestionamos, simplemente por desconocimiento de otras alternativas.
Quizás el ejemplo más claro es el del viaje.
Cuando se llega a tierras extrañas, cuando se conocen otros destinos, suele darse un proceso en el que, por primera vez, se pone en duda la normalidad de aquello que había constituido la forma de entender el mundo.
Entonces,  la manera única de mirar las cosas, llámese forma de vestir, o de comer, o de entender la cotidianeidad, o de relacionarse, o de pasear por la calle, de pronto se transforma en una mera posibilidad, una opción que puede seguir repitiéndose o sustituirse.
En cualquier situación vital, el acto de salir y toparse con otras personas, otros estilos, otros esquemas, obliga al surgimiento de la duda, a la interrogante.
El viaje psicoterapéutico se sostiene en el mismo principio.
Es un espacio de cuestionamientos donde aquello que uno nunca antes se había preguntado, o planteado, o pensado siquiera, puede cuestionarse.
El modelo que sostiene la comprensión de la vida, ese esquema predeterminado y que entendemos como lo normal, se construye en la infancia, en el primer hogar, con los primeros referentes.
Llegamos al mundo con un diccionario cerrado, en el que cada entrada está escrita y definida.
Así comida es lo que se come en casa.
Hombre es papá y toda persona que comparta sus rasgos sexuales.
Mujer es mamá y cualquier otra que sea como ella.
Relación de pareja es lo que papá y mamá comparten.
Sobre esas definiciones no hay cuestionamientos. Pero llega un momento en el que aparece el deseo del viaje, de explorar otras opciones.
En la psicoterapia, una parte del esfuerzo tiene que encaminerase a borrar las definiciones, para luego reescribirlas.
Así comida es no sólamente lo que se come en casa, sino cualquier objeto alimentario que se define principalmente por el gusto.
Relación de pareja es un lugar de encuentro que puede tener infinidad de formas.
En la construcción del esquema de comprensión de la realidad, más que las respuestas, lo importante son las preguntas.

27.7.10

Psicoterapia vs verano

Una constante en el trabajo psicoterapéutico es la caída de la consulta ante la llegada del verano.
Lo mismo ocurre con las citas médicas: ya después del verano se verá a qué se debe ese dolor, esa fatiga, o se hará la analítica que nos aconsejó el doctor.
El verano es época de euforia, de decanso, de cerrar cosas, de olvidarse por unos días de la cotidianidad.
De ahí que también con los problemas emocionales se recurra al mismo mecanismo de la posposición.
Muchas veces, sin embargo, más que posponer, (algo que es explicable por el largo año de trabajo y esfuerzo) existe la idea de que con las vacaciones se resolverán mágicamente las problemáticas que un día nos llevaron a tocar la puerta de un psicoterapeuta. Es entonces cuando el período vacacional se vive como una "cura" de los malestares.
Pero por supuesto, como siempre, la realidad termina imponiéndose: resulta que no es nuestra casa de siempre la culpable del insomnio; ni el estrés del trabajo la causa de las dificultades de pareja; ni el aburrimiento de la rutina la productora de la depresión.
El malestar viaja con nosotros, conoce desde nuestros ojos los nuevos paisajes, sube y baja de aviones y trenes, recibe baños de sol y mar. Y persiste.
Si fuese real esa fantasía mágica, la psicoterapia simplemente aconsejaría mudarse, viajar, distraerse, ir al cine y al teatro.
Pero la solución no está ahí. Está en nuestro interior, y es en el trabajo con esa interioridad cuando la mejoría alumbrará en nosotros.
Por eso al acabar el verano las consultas vuelven a llenarse.

18.7.10

La elección de pareja


En el espacio psicoterapéutico se escuchan muchas frases que parecen repetirse. Una de ellas tiene que ver con una supuesta equiparación entre los hombres, y entre las mujeres.
Me refiero al consabido "todos los hombres son iguales", o a la trillada "ya se sabe cómo son las mujeres".
Lo curioso es que, en cada hablante, la frase se llena con contenidos disímiles.
En algún caso, la categorización masculina se dirige a que todos son violentos, o infieles, o babosos, o machistas, o indecisos, o mandones, o distantes, o... Las opciones se multiplican hasta el infinito.
En otros labios, la similitud femenina significa que todas las mujeres son controladoras, o sensibles, o blandas, o invasivas, o mentirosas, o cobardes, o... De nuevo un sinfín de características excluyentes entre sí.
Ser psicoterapeuta permite tener una tribuna donde escuchar lo más íntimo de las personas. Sin tapujos, con sinceridad. Y este quehacer permite desmontar todos estos prejuicios, porque en lo que cada quien cuenta, en la historia pasada y reciente de los individuos, se puede ver que hay hombres pacíficos, fieles, cercanos, débiles...
Que existen mujeres duras, respetuosas, sinceras, valientes...
Pero es real que cuando cada hablante usa la dichosa frase, ésta se sostiene en su particular experiencia, donde todos los hombres de su vida han sido violentos, o infieles. Igual en el caso contrario, todas las mujeres protagónicas han sido invasivas, o mentirosas.
Parece que la frase, entonces, está cortada, que se ha silenciado un trozo: "Todos los hombres son iguales... a mi padre". "Ya se sabe cómo son las mujeres... como mi madre".
Esa es la verdadera equiparación, comprobar que siempre que se elije, se busca repetir la figura del hombre o de la mujer tal y como se vivieron en la infancia.
Al final, la frase a medias, sin cursivas, es tranquilizadora. Porque exculpa.
No es que mi madre me haya invadido hasta la asfixia, o que me haya controlado hasta el punto de dejarme sin herramientas para hacerme con la vida. Es que todas son así.
No es que mi padre, con su violencia, me haya dañado; o que con su distancia me haya hecho sentir excluido. Es que todos son así.
Poder dar con una pareja diferente, que no repita hasta la extenuación un modelo que nos hace perpetuar el sufrimiento, pasa por reconocer a los padres en sus miserias.
De eso, precisamente, va la psicoterapia.

27.5.10

El apoyo familiar

El 12 de mayo de este año, la prensa informaba acerca del estudio la importancia de la aceptación familiar para la salud física y mental de los jóvenes gays, lesbianas, transexuales y bisexuales desarrollado en San Francisco. Las conclusiones son aplastantes: el rechazo familiar por la identidad sexual multiplica por ocho el riesgo de suicidio. Es decir, que parte importante del futuro del jóven está escrito desde lo que la familia haga con  la noticia de su orientación sexual.
Aunque la investigación relacionaba familia y jóvenes en el ámbito de la sexualidad, la clínica enseña que en otras variables como autoestima, autoconcepto, psicopatología o fuerza yoica, el papel de la familia es fundamental.
Cuando en el espacio psicoterapéutico se escucha el sufrimiento humano, aunque la queja se ubique en el presente y en hechos puntuales de la cotidianeidad más cercana, siempre resuenan secuelas de la historia personal, y el apoyo, el rechazo, el abandono, la aceptación, el amparo o el amor que se hayan  vivido en la casa infantil se mantienen como sostenedores de la visión adulta y como formatos para, más adelante, enfrentar las dificultades diarias.  
Los padres son la primera referencia del mundo y los creadores del guión que nos explica como personas. Ese guión se reelerá a lo largo de los años y se repetirá en otros escenarios, en otros contextos.
Porque unos padres que han aceptado la particularidad de su hijo, que privilegian las características distintivas de éste como sujeto por encima de su deseo específico, acogerán cualquier noticia sobre la orientación sexual de su descendiente con aceptación.
Por el contrario, unos padres que anteponen su deseo por encima del de su hijo, que tienen un esquema fijo sobre quién debe ser éste, entenderán la orientación sexual o cualquier otra característica diferencial como una desviación y como una ataque.
Los hijos son nuestra hechura, pero no nuestra propiedad, y esto incluye todos los ámbitos: también la orientación sexual.

19.5.10

¿Debilidad?

Hace unos días, la prensa recogía el impresionante progreso médico de un trasplante de cara.  Rafael, que sufría una rara enfermedad que provoca el crecimiento de tumores benignos bajo la piel, había recibido el rostro de un donante y se mostraba ante los medios, algunos meses después de la exitosa intervención.
Uno lee estas cosas y se alegra de tener la suerte de vivir en este siglo, cuando cosas así, que parecen fantasías de cine (recordemos el film Face protagonizada por Nicolas Cage y John Travolta) son posibles.
Leyendo las diferentes síntesis del caso en distintos medios, me encontré con una frase que me llevó a la reflexión: según el diario Qué, la enfermera que atendió al paciente le halagó con estas palabras "Es un hombre muy valiente y muy fuerte, casi no ha necesitado ayuda psicológica"
El temor de los especialistas era que no se reconociera en su nuevo rostro, sin embargo, la reacción de Rafael ante el espejo fue positiva, con un tranquilizador "Soy yo". Qué bien...
No obstante, no deja de sorprenderme cómo casi en cualquier contexto el juicio sobre la llamada fortaleza psicológica suele estar presente, y de qué forma, el hecho de no buscar apoyo se califica como un dato positivo.
Si, por ejemplo, Rafael hubiese requerido o necesitara en el futuro atención psicoterapéutica más asidua, ¿significaría esto que es un hombre débil y cobarde? Pongámonos un minuto en su piel: has pasado años viendo cómo tu cara, la tarjeta de presentación más firme para el contacto con los demás, se va llenando de bultos que te van borrando las facciones,  y un día te ponen un rostro nuevo, sano, pero que no es el tuyo, y que tienes que ir convirtiendo en sostén físico de tu identidad.
Da vértigo. 
No creo que ante una experiencia similar la necesidad de ayuda psicológica pueda dar lugar al calificativo de debilidad.
Tampoco en otros escenarios entiendo como sinónimos búsqueda de ayuda y cobardía o debilidad.
Somos humanos, y las experiencias nos impactan, nos desbordan, nos remueven. Eso forma parte de nuestra naturaleza.

6.5.10

De prisa y corriendo

Los tiempos que corren son veloces, atropellados, rapidísimos. Todo urge y  casi siempre se está en riesgo de llegar tarde.
Es como caminar por los pasillos del metro: carreras, subidas y bajadas a toda prisa por las escaleras mecánicas, cuyo ritmo de movimiento se hace insuficiente.
También las soluciones quieren alcanzarse a todo correr: pastillas adelgazantes que prometen perder peso en tiempo récord; cremas rejuvenecedoras que aseguran resultados en pocos días; salidas terapéuticas mágicas ("Adiós a la ansiedad en sólo 5 sesiones", "Su duelo en 15 días, garantizado o le devolvemos su dinero")
También en la sanidad pública el especialista tiene un tiempo estipulado cada vez más corto para atender al paciente, un tiempo que no permite ni siquiere una exploración mínima. Por eso me gusta la doctora que, por azar, me ha tocado: siempre debo esperar largo tiempo, y escuchar las quejas del resto de pacientes que amenazan con cambiarse, pero cuando por fin me toca sentarme en su despacho, sé que me escuchará, que me mirará, que me palpará o auscultará, en fin, que hará su trabajo aunque no se ciña (¿cómo hacerlo?) al lapso planteado como el idóneo en términos burocráticos.
En el espacio psicoterapéutico se me ha hecho necesario incluir en el encuadre, es decir, en la organización de trabajo que se acuerda con el paciente y que incluye horario, frecuencia de las sesiones, honorarios... la idea de que el tratamiento es a largo plazo, que la mejoría no es instantánea ni lineal y que la psicoterapia se ajusta al tiempo psíquico, que no es, ni mucho menos, rápido.
Hay quien no lo tolera y sale corriendo del despacho. Muchos otros se quedan para trabajar.
No hay que olvidar que el espacio psicoterapéutico es un lugar para pensar en uno mismo, para explorarse, en el que el verdadero protagonista es el propio paciente y sus circunstancias.
Claro que si uno siempre corre, se atropella, se acelera, lo primero que queda atrás es uno mismo.   

13.4.10

Los niños y el juego

El mundo infantil está construido sobre el juego. A los adultos nos sorprende la enorme energía que desprenden los niños que necesitan correr, saltar, imaginar vidas, animar objetos, en fin, jugar.
Winnicott, importante autor del universo psicológico, que era, además de psicoanalista, pediatra; en un texto clásico "Realidad y juego" explica que el juego se ubica en ese espacio limítrofe entre la realidad y la fantasía.
Por eso, un niño sano  juega, crea mundos en los que es posible volar, resucitar, en los que los animales hablan o los objetos cobran vida, en los que, por ejemplo,  una piedra se convierte en un coche que transporta a seres imaginarios.
Ese talante creativo es el que da especial valor a la libre actividad del niño, diferente al juego reglado, donde se siguen normas y acciones organizadas.
Los niños tienen predilección por el lenguaje lúdico y gráfico, es más adelante, con el desarrollo, cuando el verbo gana protagonismo. Por eso, en la psicoterapia con niños, necesariamente debe haber espacio para el juego,  y en el despacho,  tienen que existir elementos de juego variados; porque con esos objetos (muñecos humanos,  animales de diferentes características y materiales, utensilios de cocina, pinturas, plastilinas, pequeños muebles, armas, etc.) el niño va a representar su mundo, lo que le preocupa, lo que teme, lo que le daña.
Al terapeuta le toca interpretar, leer las producciones, mirar los juegos, entender las necesidades infantiles en aquello que se repite  y cerrarlo en el mismo contexto, proporcionando más recursos (curas para el peluche herido, armas que protejan al  pequeño muñeco atacado; adultos fuertes que encierren a los malos) para que el niño pueda elaborar y sanar.
Todo el trabajo con el niño se sostiene en la repetición.  En diferentes contextos, el niño "cuenta" lo que le ocurre representándolo en el juego y en el dibujo.  Por eso, quienes han padecido intervenciones médicas juegan a los doctores con inyectadoras, vendas, batas. Por eso, quienes han sufrido violencia juegan a juegos violentos.
Basta mirar, observar, escuchar, los niños cuentan incansablemente lo que necesitan solucionar. Es labor de los adultos hacerse cargo de ello.

26.3.10

El poder de la palabra

Hace unos días, leí en un periódico gratuito, de esos que reparten en el metro, una reflexión acerca de las palabras. Me pareció interesante porque me permitió, a mi vez, repensar el tema.
Es conocido que el común de la gente, como venía reflejado en el artículo que leí, piense que las preocupaciones, los problemas, los malestares, son incómodos elementos que es mejor dejar de lado.
El famoso refrán de "ojos que no ven, corazón que no siente" hace referencia, justamente a esa creencia.
En la consulta, muchas veces las personas llegan pidiendo olvidar aquello que les preocupa, con temor no sólo a pensarlo, sino también a nombrarlo, como si hablar de ello lo convirtiera en realidad y el silencio constituyese un medio para su desaparición.
De ahí que proliferen técnicas y métodos para el olvido, para pasar página, para hacer borrón y cuenta nueva.
Sin embargo, todos sabemos que ese esfuerzo puede ayudar puntualmente, pero que en el fondo es inútil. Que interna e íntimamente cuando algo preocupa, duele, obsesiona, daña, sigue latiendo y reforzando su presencia, determinando miedos, síntomas, angustias.
Los problemas son reales. Los dolores existen. Las preocupaciones siguen causando malestar hasta que se atiendan y se resuelvan.Y para atenderlas es necesario nombrarlas, permitir que se destapen y pasen a hacerse palabras.
La psicoterapia trata de eso, porque para hacer que los fantasmas desaparezcan no sirve la oscuridad, sino justamente lo contrario: Encender la luz.

1.3.10

La pareja como motivo de consulta

En su magnífico libro "Soledad, pertenencia y transferencia"(Editorial Síntesis), Francisco Pereña afirma "Los malentendidos del amor y la angustia de la soledad conducen a los pacientes a nuestras consultas". Con la contundencia de esta frase, este psicoanalista resume el quehacer diario del trabajo psicoterapéutico.
La realidad es exactamente esa: la mayoría de los pacientes llega a consulta por la angustia que les produce la experiencia del desamor, o el temor a perder a la pareja, o la vivencia de no poder comprometerse con un otro.
No es casual. El terreno de las relaciones de pareja es un germinadero fértil para que afloren toda clase de conflictos, porque de esa particularísima elección, de ese escoger a una persona determinada entre miles de otras posibilidades para compartir la cotidianidad, depende, en gran medida, la construcción del futuro.
Mucho se ha hablado del amor. Incluso hay teorías fisiológicas que colocan el acento en el aspecto hormonal, identificando a las endorfinas y a la oxitocina como responsables del vínculo con la pareja.
Este enfoque biologicista, aunque a primera vista resulte tranquilizador, porque nos exculpa de toda responsabilidad; tiene sin embargo el revés de ser tan determinista que nos convierte en seres pasivos, dominados por elementos orgánicos difíciles de controlar.
No obstante, en la intimidad del espacio psicoterapéutico lo que resuena es el significado humano del sufrimiento más profundo, porque en algún momento, esa persona se da cuenta de que su historial en el amor es un continuo repetir ¿por qué siempre me dejan?, ¿por qué vuelvo a desconfiar igual que hice con mi chico anterior?, ¿por qué todas me son infieles?, ¿por qué siempre me maltratan?
A partir de esta pregunta acerca de la repetición, de la disección de ese específico patrón que vuelve a establecerse, la persona comienza a interrogarse acerca de sí misma, y más allá de su real relación de pareja, logra un conocimiento sobre quién es, y acerca de quién es ante el amor.
En ese momento, la psicoterapia pasa de ser un tratamiento limitado al tema de la pareja, lleno de quejas y centrado en el otro; a un análisis individual, cargado de significados.

6.2.10

Todos estamos cuerdos

Los últimos datos aportados por la OMS -en el marco del I Foro sobre Salud Mental entre Adolescentes, celebrado en las Palmas de Gran Canaria- son impactantes: entre el 10 y el 20% de los adolescentes europeos sufre algún tipo de enfermedad mental.
Estas cifras han tenido repercusión en diferentes medios informativos, y no es para menos, porque implican que, a todas luces, los recursos para hacerse cargo del problema son extremadamente escasos.
Y no sólo en el caso de la atención a adolescentes. En general, el tratamiento de la salud mental resulta insuficiente. Así lo recoge la prensa. Por ejemplo, en el periódico ADN, se afirma "Cerca de un 25% de la población está afectada por algún trastorno mental y sólo un 5% del gasto sanitario se destina a su atención"
Pero sin necesidad de acceder a los medios, cualquier persona puede constatar en carne propia la escasez de recursos: basta con acercarse a la sanidad pública en búsqueda de tratamiento psicológico para tropezar con las esperas, las citas de apenas minutos con el especialista, los trámites que se multiplican para acceder al psicólogo, la ínfima frecuencia de sesiones, la pronta finalización del tratamiento.
Actualmente los seguros privados incluyen cada vez más la intervención psicológica (por algo será), sin embargo, el número de sesiones está limitado de antemano.
Esta manera de proporcionar atención a los trastornos emocionales no es gratuita, responde a un gesto sonrojado, a una opinión general que sigue entendiendo la enfermedad mental como algo avergonzante.
Hablar de la hipertensión, del reumatismo, de las alergias o de otro padecimiento físico es un tema habitual, descargado emocionalmente. Sin embargo, reconocer ante otros que se sufre una depresión, o crisis de ansiedad, o esquizofrenia, parece implicar una vejación personal.
Mientras no se naturalice el ámbito de la salud mental, hasta que deje de negarse la existencia habitual de  padecimientos psicológicos (las estadísticas no engañan) los recursos seguirán condenados a ser insuficientes.
Es como si, cerrando los ojos a la evidencia, se dijera: "Somos un mundo de cuerdos. Aquí no tenemos problemas mentales"
Como me dijo un amigo una vez "La realidad demuestra que Santo Tomás lo dijo al revés, la verdad es que si no lo creo, no lo veo" . Aunque la cifra sea de un 25% de la población.

9.1.10

¿Feliz navidad para todos?


El quehacer como psicoterapeuta enseña muchas cosas. Uno de esos aprendizajes tiene que ver con el efecto psicológico de las fiestas o de las vacaciones.
Es un hecho que se repite que después de marcadas fechas de descanso, los pacientes vuelvan a la terapia removidos, en conflicto, con más síntomas.
También ocurre que son períodos en los que muchas personas se deciden a buscar tratamiento.
La razón es sencilla: Las mujeres y los hombres están libres de sus jornadas laborales; los niños y los chicos no tienen actividad académica, y es que en épocas de esparcimiento, las familias pasan más tiempo juntas, compartiendo acciones cotidianas que el resto de año realizan por separado. Y eso tiene sus efectos.
El contexto familiar es donde existen mayores vínculos afectivos, pero también mayores conflictos. Porque es justamente allí, en ese entramado, donde el sujeto psíquico se construye, y lo que ha ocurrido en la casa es lo que luego se repite en el resto de los espacios vitales.
Alguien, por ejemplo, puede tolerar bien su vida cuando está lleno de exigencias y rutinas diarias, pero cuando queda libre y además regresa al hogar familiar, vuelve a contactar en directo con la agresividad del padre, o la desatención de la madre, o las tragedias económicas por la ludopatía de alguna figura de referencia, o los importantes problemas emocionales de un hermano...
Ese volver a ver la realidad que nos ha acompañado impacta, porque nos resulta dolorosamente conocida..
Entonces, hablar de ese padecer, revisar sus efectos actuales y pasados, es decir, usar la psicoterapia, se hace una tarea ineludible.

10.12.09

Llamados de atención

El 17 de Noviembre de este año, la prensa recogía los últimos acontecimientos del llamado "crimen de Fago". Se sabía entonces que el principal acusado sostenía haberse inculpado para llamar la atención.
También en el año 2000, las chicas que en San Fernando (Cádiz) asesinaron a una compañera de instituto, afirmaron que querían ser famosas.
Se trata entonces de unos llamados de atención que justifican cualquier acto.
Y uno se pregunta ¿Qué ocurre cuando unas sujetos son capaces de recurrir a la violencia más extrema con tal de aparecer y ser mirados? ¿Por qué tanta necesidad de reconocimiento, de tener un lugar?
Las ideas que se vienen a mi cabeza, entonces, tienen que ver con que personas así, deben haber padecido un gran vacío en el desarrollo, con una falta grave de miradas, de reconocimientos, de acogidas, seres que deben haber crecido sin apoyos y con tremendas carencias de encuentros con los otros.
Estas noticias siempre repercuten en mí porque, cada vez con mayor frecuencia, encuentro estos gritos de atención y me hacen reflexionar acerca de mi quehacer como psicoterapeuta.
Sin llegar a extremos tan marcados como los recogidos en estas noticias de criminalidad, la clínica psicológica enseña que toda vivencia de desatención en la vida adulta, remite a una infancia desatendida.
Muchos pacientes narran sus llamados de atención en la adultez (enfermedades estridentes; actuaciones maníacas; puesta a prueba de sus parejas...). También en la transferencia, el vínculo está entonces marcado por necesidades imperativas de ser atendido, de ser alguien para el otro (cambios de horarios intempestivos, llamadas fuera de las sesiones, anulaciones...). Al revisar sus historias, aparecen escenas en que se sintieron poco importantes, poco queridos, poco acogidos por sus figuras de referencia, con lo que el presente es una clara repetición de esas primigeneas circunstancias.
En el trabajo psicoterapéutico, es necesario situar la experiencia de la desatención como un hecho perteneciente al pasado, a la historia más primitiva del sujeto, que muchas veces se inflitra en su presente. Ese mirar atrás es el inicio de la reconstrucción, de la sanación de las heridas.

28.11.09

La búsqueda de ayuda

Es un lugar común que acciones tan simples como buscar ayuda psicoterapéutica, ir al psicólogo, asistir a un servicio de salud mental o acceder a tratamiento psiquiátrico, se entiendan como síntomas de locura.
Según esta idea, el psicólogo es un loquero, y todo el que acceda a su órbita, está mal de la cabeza.
Atravesados por este prejuicio, muchos pacientes no cuentan en su entorno que asisten a terapia, aunque lleven años recibiendo tratamiento. Otros apenas se lo han dicho a sus seres más cercanos, y hay quienes incluso ponen a prueba a sus amigos y familiares para prever cómo reaccionarán si se lo cuentan.
Hay quienes se sorprenden, porque descubren que mucha más gente de la que creían, también son pacientes de psicoterapia, aunque, al igual que ellos, lo mantenían en secreto.
Lo peor es que a veces, por este creencia errónea, se pospone la búsqueda de medidas para paliar el sufrimiento, y el proyecto vital se trunca, marcado por distintos síntomas.
Y lo que ocurre es exactamente lo contrario: ser capaz de reconocer que se sufre, darse cuenta de que el malestar no se aplacará por sí solo, estar dispuesto a aceptar que no se puede cargar de forma solitaria con el dolor, y buscar ayuda psicoterapéutica, son síntomas de sabiduría.
Ademas, el prejuicio es fácilmente desmontable: Los locos no suelen buscar ayuda por su propia decisión.
Sólo quién tiene un rasgo de salud es capaz de hacerse cargo de sí mismo.

24.11.09

Hasta que la muerte nos separe

Más allá de ser la promesa de amor hecha tradicionalmente como voto ante el altar, hoy en día esta frase viene a reflejar la terrible realidad que viven muchas mujeres víctimas de la violencia de su pareja.
De acuerdo al Observatorio de la Violencia de Género, en España y durante el año 2009 casi 50.000 mujeres han contado con medidas de protección al ser víctimas de diversas formas de violencia de género. Asimismo, según los datos facilitados por la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, el pasado día 11 noviembre, desde el 2004 se han decretado 100.000 órdenes de protección para víctimas de este tipo de violencia. De esas 100.000 órdenes, el 40% corresponde a maltratadas que tienen menos de 30 años. Otro dato importante que resalta la ministra Aído es que un 30% de las fallecidas entre el 2003 y el 2008 tampoco superaban esa edad.
Las cifras son, sin duda, alarmantes, pero todavía más si pensamos que estas estadísticas sólo reflejan a aquellas mujeres que se atreven a denunciar, porque es conocido también que muchas mujeres permanecen en silencio. Algunas de estas mujeres viven realmente aterradas por su inseguridad y la de sus hijos; por ello ni se atreven a denunciar lo que ocurre en sus hogares. Para otras, la situación es aun más grave, pues el maltrato ni siquiera es percibido como tal. A pesar de ser maltratadas psicológica y físicamente piensan y sienten que de alguna manera ellas son las responsables de esta situación. Muchas de ellas exculpan al agresor diciendo que no han sido “lo suficientemente buenas” o “que a veces él se pone violento pero es por el estrés, o por los problemas en el trabajo”.
Romper con esta situación es muy difícil, puesto que el maltrato está sostenido sobre un vínculo que inicialmente se esconde bajo la forma del “amor”. Un amor que paulatinamente va cercenando todas las relaciones de la mujer con su entorno (familia y amigos). Incluso, muchas abandonan la vida laboral para dedicarse “a lo más importante, que es mi casa y mi marido”. Tras esto, la descalificación, el temor y el control permanente que ejerce la pareja sobre ellas, van socavando los recursos psicológicos de la mujer para hacer frente a la situación.
Cuando una mujer decide denunciar o romper la relación, da un paso importantísimo que requiere mucho valor, pues se está sobreponiendo a una sensación personal de ser absolutamente vulnerable y de no tener ningún control sobre su vida. De ahí que la primera labor psicoterapéutica sea la del reconocimiento y el apoyo. Sin embargo, la recuperación real de la mujer maltratada comienza más tarde, cuando se toma conciencia de la relación de dependencia emocional que se tiene con la pareja, cuando la mujer se comienza a interrogar a sí misma sobre la paradoja del amor que maltrata.
Revisar, volver sobre lo que nos causa dolor, entender qué nos ha mantenido en esa posición constituyen procesos dolorosos, pero indudablemente necesarios, pues definen el camino preciso para ubicar el amor al lado del respeto y la consideración.

16.11.09

Maltrato

Hace unos días, la prensa nos sorprendía con una noticia terrible: el caso de dos bebés maltratados en Málaga. Uno de ellos falleció a causa de los golpes, el otro, recibe atención en la UVI de un hospital. Lo más espeluznante, la edad de los pequeños: dos meses. Y para colmo de males, la identidad de sus presuntos agresores: sus padres.
Uno se pregunta: ¿Qué puede pasar por la cabeza de unos adultos para cometer tamaña insensatez? ¿Qué puede motivar una escena de tanta violencia contra unos bebés apenas recién llegados al mundo?
Todos los casos de maltrato, contra las mujeres, contra los padres, contra los compañeros, contra los hijos, causan un impacto inmediato en la sociedad, porque no hay manera de acostumbrarse a un clima en el que la violencia campa en los rincones más públicos y más privados.
Si bien la ira, la cólera, la rabia, son sentimientos humanos, y como tales, lícitos; ver el rostro más oscuro de la humanidad, de nuestros semejantes, siempre da sensación de vértigo.
Lo más terrible es que toda forma de maltrato deja secuelas. Las más evidentes, las físicas. No obstante, muchas otras consecuencias se plasman en la manera posterior de situarse en el mundo.
No es de extrañar la cantidad de mujeres que repiten en sus relaciones de pareja un vínculo de malos tratos, cuando en su historia personal ha habido violencia ejercida por el padre.
No son infrecuentes los pacientes que se odian y rechazan a sí mismos cuando fueron odiados y rechazados por sus adultos en la infancia.
No son inusuales los hombres que temen el abandono y se sienten perseguidos por el fantasma del desamor, cuando, de niños, fueron víctimas de unos padres excluyentes.
En la intimidad del espacio terapéutico, la reconstrucción tiene que pasar por ver esas heridas y elaborar una nueva relación que se aleje del golpe y el insulto.