Mostrando entradas con la etiqueta dependencia emocional. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dependencia emocional. Mostrar todas las entradas

11.6.10

El lado más oscuro del amor romántico

Lianne Smith optó por su pareja.
Cada vez que se vió en la tesitura de elegir, su alternativa primordial fue, sin duda, Martin Smith.
Incluso -o sobre todo- por encima de sus hijos.
La prensa ha recogido diferentes datos de esta tragedia en la que se conjugan todos los ingredientes de lo macabro: pederastia, infanticidio, intento de suicidio.
En 2007, cuando la hija de Lianne y una pareja anterior, acusó a su padrastro de abusos sexuales, la mujer se dió a la tarea de apoyar a Martin y preparar su defensa contra la nada desdeñable cifra de trece delitos perpretados contra su hija: seis abusos sexuales, seis violaciones y un intento frustrado de violación.
Pero la verdadera naturaleza de la relación de Lianne con sus hijos y con Martin se develó este 18 de Mayo, en el doble infanticidio perpetrado por la madre y en su fallido intento de suicidio.
¿Cómo llegó a esa brutal acción de asfixiar a sus hijos de 5 años y 11 meses?
Simplemente porque se quedó sin su pareja, apresado unos días antes.
Uno lee estas cosas y no puede dejar de concluir que el amor romántico puede ser monstruoso.
Su lado más oscuro tiene tintes característicos: La capacidad para cerrar toda visión y enfocar solamente la silueta del amado. La facultad de hacer depender la propia supervivencia de la presencia de ese otro querido. La exigencia de dejarlo todo en su nombre. Y suele acompañarse de la muerte como fiel compañero.
Existen múltiples estilos de vinculación.
Quien está mejor situado frente a sí mismo sabe que la pareja es un área más de la complejidad de la vida.
Quien se siente incompleto, busca su completud en el otro, llenando la falta interna con la presencia del compañero, y entonces ese otro, en lugar de ser alguien separado con quien se comparte la experiencia vital, se convierte en el centro mismo de la vida, dotándose de una fuerza que lo hace indispensable.
El estilo de vinculación se construye en la infancia, con las primeras relaciones. Por eso, en el espacio psicoterapéutico, la escucha de cómo son las relaciones tiene un peso primordial, para curar y reparar esa incompletud interna.
En estos casos, la cura es apremiante, porque más fuerte que el vínculo con los hijos, más potente que el instinto de supervivencia, el enfermo amor romántico devasta todo a su paso.

24.11.09

Hasta que la muerte nos separe

Más allá de ser la promesa de amor hecha tradicionalmente como voto ante el altar, hoy en día esta frase viene a reflejar la terrible realidad que viven muchas mujeres víctimas de la violencia de su pareja.
De acuerdo al Observatorio de la Violencia de Género, en España y durante el año 2009 casi 50.000 mujeres han contado con medidas de protección al ser víctimas de diversas formas de violencia de género. Asimismo, según los datos facilitados por la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, el pasado día 11 noviembre, desde el 2004 se han decretado 100.000 órdenes de protección para víctimas de este tipo de violencia. De esas 100.000 órdenes, el 40% corresponde a maltratadas que tienen menos de 30 años. Otro dato importante que resalta la ministra Aído es que un 30% de las fallecidas entre el 2003 y el 2008 tampoco superaban esa edad.
Las cifras son, sin duda, alarmantes, pero todavía más si pensamos que estas estadísticas sólo reflejan a aquellas mujeres que se atreven a denunciar, porque es conocido también que muchas mujeres permanecen en silencio. Algunas de estas mujeres viven realmente aterradas por su inseguridad y la de sus hijos; por ello ni se atreven a denunciar lo que ocurre en sus hogares. Para otras, la situación es aun más grave, pues el maltrato ni siquiera es percibido como tal. A pesar de ser maltratadas psicológica y físicamente piensan y sienten que de alguna manera ellas son las responsables de esta situación. Muchas de ellas exculpan al agresor diciendo que no han sido “lo suficientemente buenas” o “que a veces él se pone violento pero es por el estrés, o por los problemas en el trabajo”.
Romper con esta situación es muy difícil, puesto que el maltrato está sostenido sobre un vínculo que inicialmente se esconde bajo la forma del “amor”. Un amor que paulatinamente va cercenando todas las relaciones de la mujer con su entorno (familia y amigos). Incluso, muchas abandonan la vida laboral para dedicarse “a lo más importante, que es mi casa y mi marido”. Tras esto, la descalificación, el temor y el control permanente que ejerce la pareja sobre ellas, van socavando los recursos psicológicos de la mujer para hacer frente a la situación.
Cuando una mujer decide denunciar o romper la relación, da un paso importantísimo que requiere mucho valor, pues se está sobreponiendo a una sensación personal de ser absolutamente vulnerable y de no tener ningún control sobre su vida. De ahí que la primera labor psicoterapéutica sea la del reconocimiento y el apoyo. Sin embargo, la recuperación real de la mujer maltratada comienza más tarde, cuando se toma conciencia de la relación de dependencia emocional que se tiene con la pareja, cuando la mujer se comienza a interrogar a sí misma sobre la paradoja del amor que maltrata.
Revisar, volver sobre lo que nos causa dolor, entender qué nos ha mantenido en esa posición constituyen procesos dolorosos, pero indudablemente necesarios, pues definen el camino preciso para ubicar el amor al lado del respeto y la consideración.

12.11.09

Expresiones de la violencia en nuestro tiempo

Hoy en día, encontramos que la violencia como síntoma se haya expresada en una diversidad de fenómenos como el acoso escolar, la violencia contra la pareja, el maltrato infantil, el maltrato a los ancianos o personas dependientes, y más recientemente, el maltrato de los hijos hacia los padres. La alarma social frente a dichos fenómenos se ha disparado tanto por la frecuencia con que aparecen en los medios de comunicación, como por las formas cada vez más crudas, crueles y dañinas que adquieren.
La violencia no es simplemente una conducta, una respuesta emocional o una suerte de impulso irrefrenable frente al cual el sujeto no tiene ningún control. Por el contrario, se trata de una estrategia psicológica usualmente aprendida que el sujeto emplea intencionadamente para alcanzar un fin determinado, y que puede llegar a constituirse en una forma de vinculación con los otros. Esto se hace aun más patente en las manifestaciones de las que hablamos: la actuación violenta tiene lugar en espacios íntimos como el hogar o la escuela y la violencia proviene de alguien con el que se mantiene una relación afectiva estrecha, o de alguien de quien al menos se espera compañerismo o solidaridad.
En estos casos, solemos encontrar que el sujeto que sufre este tipo de violencia permanece en silencio, atrapado en una situación de indefensión, de vulnerabilidad, de profunda soledad en relación a su dolor, sintiendo un temor abrumador y paralizante. Existe una gran dificultad para romper con la situación de maltrato pues se depende emocionalmente del agresor, llegando al extremo de naturalizar el ambiente de violencia en el que se vive.

Justamente si algo debemos evitar como sociedad es la naturalización de la violencia. Es preciso no tener una posición de espectador sino una posición activa, que asegure la apertura de los espacios necesarios y suficientes para hablar de la violencia dando cabida a la reflexión, al encuentro, la mediación y la búsqueda de alternativas