4.9.10

Poniendo en duda la normalidad

Muchas veces descubrimos que hay cosas que damos por buenas, que no cuestionamos, simplemente por desconocimiento de otras alternativas.
Quizás el ejemplo más claro es el del viaje.
Cuando se llega a tierras extrañas, cuando se conocen otros destinos, suele darse un proceso en el que, por primera vez, se pone en duda la normalidad de aquello que había constituido la forma de entender el mundo.
Entonces,  la manera única de mirar las cosas, llámese forma de vestir, o de comer, o de entender la cotidianeidad, o de relacionarse, o de pasear por la calle, de pronto se transforma en una mera posibilidad, una opción que puede seguir repitiéndose o sustituirse.
En cualquier situación vital, el acto de salir y toparse con otras personas, otros estilos, otros esquemas, obliga al surgimiento de la duda, a la interrogante.
El viaje psicoterapéutico se sostiene en el mismo principio.
Es un espacio de cuestionamientos donde aquello que uno nunca antes se había preguntado, o planteado, o pensado siquiera, puede cuestionarse.
El modelo que sostiene la comprensión de la vida, ese esquema predeterminado y que entendemos como lo normal, se construye en la infancia, en el primer hogar, con los primeros referentes.
Llegamos al mundo con un diccionario cerrado, en el que cada entrada está escrita y definida.
Así comida es lo que se come en casa.
Hombre es papá y toda persona que comparta sus rasgos sexuales.
Mujer es mamá y cualquier otra que sea como ella.
Relación de pareja es lo que papá y mamá comparten.
Sobre esas definiciones no hay cuestionamientos. Pero llega un momento en el que aparece el deseo del viaje, de explorar otras opciones.
En la psicoterapia, una parte del esfuerzo tiene que encaminerase a borrar las definiciones, para luego reescribirlas.
Así comida es no sólamente lo que se come en casa, sino cualquier objeto alimentario que se define principalmente por el gusto.
Relación de pareja es un lugar de encuentro que puede tener infinidad de formas.
En la construcción del esquema de comprensión de la realidad, más que las respuestas, lo importante son las preguntas.

2.8.10

Vacaciones de Verano


Esperamos que disfruteis este descanso veraniego, seguiremos con vosotros en septiembre.


Esther, Carolina y Marisol.

27.7.10

Psicoterapia vs verano

Una constante en el trabajo psicoterapéutico es la caída de la consulta ante la llegada del verano.
Lo mismo ocurre con las citas médicas: ya después del verano se verá a qué se debe ese dolor, esa fatiga, o se hará la analítica que nos aconsejó el doctor.
El verano es época de euforia, de decanso, de cerrar cosas, de olvidarse por unos días de la cotidianidad.
De ahí que también con los problemas emocionales se recurra al mismo mecanismo de la posposición.
Muchas veces, sin embargo, más que posponer, (algo que es explicable por el largo año de trabajo y esfuerzo) existe la idea de que con las vacaciones se resolverán mágicamente las problemáticas que un día nos llevaron a tocar la puerta de un psicoterapeuta. Es entonces cuando el período vacacional se vive como una "cura" de los malestares.
Pero por supuesto, como siempre, la realidad termina imponiéndose: resulta que no es nuestra casa de siempre la culpable del insomnio; ni el estrés del trabajo la causa de las dificultades de pareja; ni el aburrimiento de la rutina la productora de la depresión.
El malestar viaja con nosotros, conoce desde nuestros ojos los nuevos paisajes, sube y baja de aviones y trenes, recibe baños de sol y mar. Y persiste.
Si fuese real esa fantasía mágica, la psicoterapia simplemente aconsejaría mudarse, viajar, distraerse, ir al cine y al teatro.
Pero la solución no está ahí. Está en nuestro interior, y es en el trabajo con esa interioridad cuando la mejoría alumbrará en nosotros.
Por eso al acabar el verano las consultas vuelven a llenarse.