17.1.10

Las rebajas de enero

Año tras año, las escenas de multitudes de personas atestando las calles y los Centros Comerciales en busca de “algo” que comprar, no dejan de sorprenderme. Si bien es cierto que para muchas personas el período de rebajas es un momento ideal para adquirir a buen precio productos que necesitan, para muchas otras más bien parece que el mismo hecho de comprar se convierte en necesidad.
En este sentido, la necesidad de comprar parece estar influida por distintas variables. En el plano social, por ejemplo, la incitación a comprar se sostiene en el supuesto de que se obtiene cierto status o prestigio a partir de lo que se tiene, sobre todo si eso que se posee es de una determinada marca comercial.
Por otro lado, nos encontramos con personas para quienes el comprar se convierte en la única manera que encuentran para tratar de apaciguar su ansiedad, su dolor, su angustia e inclusive su soledad. El placer momentáneo de adquirir algo actúa, entonces, como una especie de calmante, como una droga que hace olvidar una crisis o un malestar psicológico sostenido, pero, tal y como sucede con las drogas, el efecto de la compra compulsiva es efímero, sobreviniendo inmediatamente después una profunda sensación de vacío.
En otras palabras, cuando el “ir de tiendas” pierde tanto su objetivo (la satisfacción de una necesidad real) como el placer derivado de llevarlo a cabo y quedan en su lugar la soledad, la angustia o el vacío, estamos ante un hecho sintomático que reclama otro espacio para ser resuelto, esto es, el espacio que un Psicólogo ofrece para escuchar lo que sucede.

9.1.10

¿Feliz navidad para todos?


El quehacer como psicoterapeuta enseña muchas cosas. Uno de esos aprendizajes tiene que ver con el efecto psicológico de las fiestas o de las vacaciones.
Es un hecho que se repite que después de marcadas fechas de descanso, los pacientes vuelvan a la terapia removidos, en conflicto, con más síntomas.
También ocurre que son períodos en los que muchas personas se deciden a buscar tratamiento.
La razón es sencilla: Las mujeres y los hombres están libres de sus jornadas laborales; los niños y los chicos no tienen actividad académica, y es que en épocas de esparcimiento, las familias pasan más tiempo juntas, compartiendo acciones cotidianas que el resto de año realizan por separado. Y eso tiene sus efectos.
El contexto familiar es donde existen mayores vínculos afectivos, pero también mayores conflictos. Porque es justamente allí, en ese entramado, donde el sujeto psíquico se construye, y lo que ha ocurrido en la casa es lo que luego se repite en el resto de los espacios vitales.
Alguien, por ejemplo, puede tolerar bien su vida cuando está lleno de exigencias y rutinas diarias, pero cuando queda libre y además regresa al hogar familiar, vuelve a contactar en directo con la agresividad del padre, o la desatención de la madre, o las tragedias económicas por la ludopatía de alguna figura de referencia, o los importantes problemas emocionales de un hermano...
Ese volver a ver la realidad que nos ha acompañado impacta, porque nos resulta dolorosamente conocida..
Entonces, hablar de ese padecer, revisar sus efectos actuales y pasados, es decir, usar la psicoterapia, se hace una tarea ineludible.

27.12.09


Os deseamos una feliz navidad y un próspero año 2010. Volveremos después de Reyes.
Esther, Carolina y Marisol.