18.6.10

Lo monstruoso

Hace uno días, la población se escandalizaba con la noticia de un niño fumador de 2 años de edad. Su imagen, la de un pequeño con juguetes y cigarrillo, recorría el mundo mostrándonos una instantánea terrible de lo monstruoso.
Este  mismo efecto se evoca  en la película Pequeña miss sunshine, donde aparecen niñas concursantes disfrazadas de mujeres, en una caricatura grotesca en la que los cuerpos desprenden una carga de sexualidad y banalidad que rechina.
¿Otra imagen? la de los niños-soldados, pequeños sosteniendo un fusil verdadero.
Siempre que se conjuga la infancia con un acto adulto, aparece lo monstruoso.
Hablamos entonces de infancias rotas. Pero ¿quién o quiénes sostienen el mazo que destroza?
En el caso de niño fumador, la prensa recogía las palabras del padre, que se quejaba de su tragedia: tener que gastar 4 dólares diarios para pagar el consumo del pequeño. De eso hablaba, del dinero.
En el caso de las niñas participantes en concursos de belleza, con tacones y maquillaje, atrás se vislumbra la imagen de unas madres cacareantes.
Los niños-soldados provienen de lugares en los que los padres no están o no ejercen.
La infancia es un período de construcción. Es entonces cuando se estructura lo que seremos. Y es una tarea compleja. Por eso es indispensable que existan unos adultos que se hagan cargo, que garanticen la supervivencia, que cuiden, que protejan, que permitan al niño ser niño.
El mazo que destroza siempre es sostenido por una mano adulta. Mano que no cuida, que no sostiene, que no protege.

11.6.10

El lado más oscuro del amor romántico

Lianne Smith optó por su pareja.
Cada vez que se vió en la tesitura de elegir, su alternativa primordial fue, sin duda, Martin Smith.
Incluso -o sobre todo- por encima de sus hijos.
La prensa ha recogido diferentes datos de esta tragedia en la que se conjugan todos los ingredientes de lo macabro: pederastia, infanticidio, intento de suicidio.
En 2007, cuando la hija de Lianne y una pareja anterior, acusó a su padrastro de abusos sexuales, la mujer se dió a la tarea de apoyar a Martin y preparar su defensa contra la nada desdeñable cifra de trece delitos perpretados contra su hija: seis abusos sexuales, seis violaciones y un intento frustrado de violación.
Pero la verdadera naturaleza de la relación de Lianne con sus hijos y con Martin se develó este 18 de Mayo, en el doble infanticidio perpetrado por la madre y en su fallido intento de suicidio.
¿Cómo llegó a esa brutal acción de asfixiar a sus hijos de 5 años y 11 meses?
Simplemente porque se quedó sin su pareja, apresado unos días antes.
Uno lee estas cosas y no puede dejar de concluir que el amor romántico puede ser monstruoso.
Su lado más oscuro tiene tintes característicos: La capacidad para cerrar toda visión y enfocar solamente la silueta del amado. La facultad de hacer depender la propia supervivencia de la presencia de ese otro querido. La exigencia de dejarlo todo en su nombre. Y suele acompañarse de la muerte como fiel compañero.
Existen múltiples estilos de vinculación.
Quien está mejor situado frente a sí mismo sabe que la pareja es un área más de la complejidad de la vida.
Quien se siente incompleto, busca su completud en el otro, llenando la falta interna con la presencia del compañero, y entonces ese otro, en lugar de ser alguien separado con quien se comparte la experiencia vital, se convierte en el centro mismo de la vida, dotándose de una fuerza que lo hace indispensable.
El estilo de vinculación se construye en la infancia, con las primeras relaciones. Por eso, en el espacio psicoterapéutico, la escucha de cómo son las relaciones tiene un peso primordial, para curar y reparar esa incompletud interna.
En estos casos, la cura es apremiante, porque más fuerte que el vínculo con los hijos, más potente que el instinto de supervivencia, el enfermo amor romántico devasta todo a su paso.

1.6.10

El dolor psíquico

En un magnífico artículo titulado “Hacer Sangre”, Elvira Lindo hace mención a una investigación que devela lo devastador que puede resultar para una persona el verse sometida a insultos o descalificaciones. En este sentido, escribe: “No hace falta que nos golpeen, con que nos insulten ya acusamos un dolor profundo”…“las personas que han sido reiteradamente maltratadas verbalmente tardan en recuperarse unos cinco años de las secuelas psicológicas”.

Quiero detenerme aquí, justamente para invitarlos a reflexionar sobre lo que implica el sufrimiento psicológico.

Ante el dolor físico, sea una herida accidental en el cuerpo (sobre todo si hay presencia de sangre) o una agresión física provocada, todos entendemos la seriedad de la situación y podemos quizá comprender también que, dependiendo de la intensidad del dolor, las secuelas de ese hecho no sólo quedan en el cuerpo, sino que además hay algo de eso que acontece en nuestro cuerpo que se registra en lo psicológico. A partir de allí podemos entonces comprender que, por ejemplo, alguien con diagnóstico de cáncer se sienta deprimido o ansioso.

Sin embargo, en lo que toca al sufrimiento psicológico propiamente dicho, no siempre resulta fácil deducir lo que éste comporta de seriedad para un sujeto, sobre todo cuando dicho sufrimiento es producto de situaciones poco evidentes o, en ocasiones, hasta intangibles (insultos, amenazas, descalificaciones, desprecios). Pareciera difícil concebir, por ejemplo, que alguien manifieste estar profundamente deprimido porque se siente “un fracasado”, o porque piensa que no es importante para otro, y, aun más allá, comprender que, basándose en estos argumentos, una persona decida en determinado momento acabar con su vida. Estos hechos nos asombran, parece existir la creencia de que lo que hay detrás de ellos es un sujeto débil, con poca fuerza de voluntad para hacerse cargo de la vida y de sus contrariedades.

Comprender que el sufrimiento psicológico tenga varias caras y razones, implica también entender que, como sujetos, estamos marcados por todo aquello que se nos dice, que de nosotros se dice, por aquello que los otros esperan de nosotros y también por aquello que nos hace sentirnos valorados, queridos o importantes. En suma, es entender que las palabras tienen un peso importante y decisivo en nuestra constitución como sujetos.

Por eso, es muy común escuchar en la consulta que, en situaciones de maltrato, resultan mucho más dolorosos los insultos y las vejaciones que los propios golpes. Resulta más difícil superar lo que implican esas palabras, en tanto nos han venido a significar y marcar como sujetos, de lo que resulta recuperarse de las lesiones y las heridas físicas.