9.1.10

¿Feliz navidad para todos?


El quehacer como psicoterapeuta enseña muchas cosas. Uno de esos aprendizajes tiene que ver con el efecto psicológico de las fiestas o de las vacaciones.
Es un hecho que se repite que después de marcadas fechas de descanso, los pacientes vuelvan a la terapia removidos, en conflicto, con más síntomas.
También ocurre que son períodos en los que muchas personas se deciden a buscar tratamiento.
La razón es sencilla: Las mujeres y los hombres están libres de sus jornadas laborales; los niños y los chicos no tienen actividad académica, y es que en épocas de esparcimiento, las familias pasan más tiempo juntas, compartiendo acciones cotidianas que el resto de año realizan por separado. Y eso tiene sus efectos.
El contexto familiar es donde existen mayores vínculos afectivos, pero también mayores conflictos. Porque es justamente allí, en ese entramado, donde el sujeto psíquico se construye, y lo que ha ocurrido en la casa es lo que luego se repite en el resto de los espacios vitales.
Alguien, por ejemplo, puede tolerar bien su vida cuando está lleno de exigencias y rutinas diarias, pero cuando queda libre y además regresa al hogar familiar, vuelve a contactar en directo con la agresividad del padre, o la desatención de la madre, o las tragedias económicas por la ludopatía de alguna figura de referencia, o los importantes problemas emocionales de un hermano...
Ese volver a ver la realidad que nos ha acompañado impacta, porque nos resulta dolorosamente conocida..
Entonces, hablar de ese padecer, revisar sus efectos actuales y pasados, es decir, usar la psicoterapia, se hace una tarea ineludible.

27.12.09


Os deseamos una feliz navidad y un próspero año 2010. Volveremos después de Reyes.
Esther, Carolina y Marisol.

10.12.09

Llamados de atención

El 17 de Noviembre de este año, la prensa recogía los últimos acontecimientos del llamado "crimen de Fago". Se sabía entonces que el principal acusado sostenía haberse inculpado para llamar la atención.
También en el año 2000, las chicas que en San Fernando (Cádiz) asesinaron a una compañera de instituto, afirmaron que querían ser famosas.
Se trata entonces de unos llamados de atención que justifican cualquier acto.
Y uno se pregunta ¿Qué ocurre cuando unas sujetos son capaces de recurrir a la violencia más extrema con tal de aparecer y ser mirados? ¿Por qué tanta necesidad de reconocimiento, de tener un lugar?
Las ideas que se vienen a mi cabeza, entonces, tienen que ver con que personas así, deben haber padecido un gran vacío en el desarrollo, con una falta grave de miradas, de reconocimientos, de acogidas, seres que deben haber crecido sin apoyos y con tremendas carencias de encuentros con los otros.
Estas noticias siempre repercuten en mí porque, cada vez con mayor frecuencia, encuentro estos gritos de atención y me hacen reflexionar acerca de mi quehacer como psicoterapeuta.
Sin llegar a extremos tan marcados como los recogidos en estas noticias de criminalidad, la clínica psicológica enseña que toda vivencia de desatención en la vida adulta, remite a una infancia desatendida.
Muchos pacientes narran sus llamados de atención en la adultez (enfermedades estridentes; actuaciones maníacas; puesta a prueba de sus parejas...). También en la transferencia, el vínculo está entonces marcado por necesidades imperativas de ser atendido, de ser alguien para el otro (cambios de horarios intempestivos, llamadas fuera de las sesiones, anulaciones...). Al revisar sus historias, aparecen escenas en que se sintieron poco importantes, poco queridos, poco acogidos por sus figuras de referencia, con lo que el presente es una clara repetición de esas primigeneas circunstancias.
En el trabajo psicoterapéutico, es necesario situar la experiencia de la desatención como un hecho perteneciente al pasado, a la historia más primitiva del sujeto, que muchas veces se inflitra en su presente. Ese mirar atrás es el inicio de la reconstrucción, de la sanación de las heridas.