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7.12.10

Dos caras de una moneda

Dos noticias aparecidas en el diario “El País” del pasado domingo 5 de diciembre de 2010, una seguida inmediatamente de la otra, mostraban, una vez más, una realidad por todos conocida, aunque no por ello menos impactante: el ser humano es capaz, a través de sus actos, de alcanzar obras maravillosas y, al mismo tiempo, tiene la capacidad de llevar a cabo las acciones mas crueles y brutales.

La primera noticia nos cuenta la historia de Matt Jones. Este hombre joven y sano física y mentalmente, decide de manera altruista donar uno de sus riñones a una persona desconocida. A partir de esta acción, se genera lo que el diario titula “Una cadena de transplantes eterna”, según la cual un allegado a cada persona transplantada dentro de la serie se compromete a donar un riñón a otra persona desconocida que lo necesite. Después de 10 transplantes ninguna de las personas implicadas ha retrocedido en su decisión.

En la siguiente página del diario, la segunda noticia nos relata un hecho atroz cometido por una mujer joven, quien asesina a su propio hijo, oculta su crimen y el cadáver del niño. Ella continúa llevando una vida normal, cobrando además una prestación de ayuda familiar por ser madre soltera con hijo a cargo. Cuando, finalmente, es detenida por la policía y confiesa su crimen, no muestra ni un atisbo de arrepentimiento.

Explicar qué lleva a cada una de estas personas a realizar estos actos, resulta una tarea compleja. Habría que conocer la historia particular de cada uno de estos sujetos y, sobre todo, la forma en que, a partir de estas vivencias, cada quien organizó su propia subjetividad y construyó los vínculos con las otras personas.

Nuestra forma de ser y de estar en el mundo se enlaza inicialmente con las primeras figuras de afecto. En estas primeras relaciones, se edifican los modelos de identificación y de relación con los otros. Si estas primeras relaciones han resultado satisfactorias, en el sentido de saberse querido, de haber aprendido a tolerar y a manejar los límites y las frustraciones, de ponerse en el lugar del otro, de compartir, será más fácil establecer vínculos satisfactorios con el mundo que se abre fuera de la familia.

Las primeras experiencias con los pares son igualmente vitales para configurar la personalidad y para poder desarrollar la confianza necesaria para relacionarnos de manera sana y placentera con los demás. El altruismo, la solidaridad y la posibilidad de establecer relaciones de amistad y de pareja duraderas, tienen aquí su origen.

Cuando las vivencias subjetivas en nuestro mundo de relaciones no han sido positivas, las consecuencias a nivel psíquico son inevitables. Y se manifiestan asimismo de diversas formas: La desconfianza, el temor a relacionarse, el aislamiento, elecciones de amistad y pareja que siempre conducen al fracaso, la ausencia de compromiso, la falta total de empatía.

Los involucrados en la primera noticia construyen vínculos al hacer cadena, la mujer de la segunda noticia los destruye.


18.3.10

La memoria

Recientemente, en algunos talleres de memoria que vengo realizando con personas mayores sin deterioro cognitivo, me han llamado la atención algunas cosas. La primera es que ciertamente las personas mayores perciben que con los años la memoria les parece funcionar peor que cuando eran más jóvenes. No obstante, cuando trabajamos un poco más en el taller, suelen percatarse de que realmente los deslices de la memoria a corto plazo no difieren mucho de los que cometen las personas más jóvenes.
Al intentar encontrar las razones que pueden propiciar estas dificultades en la memoria, lo primero que suelen mencionar es la falta de ejercitación de los procesos asociados con la memoria. Así, la jubilación en muchos casos, las pérdidas funcionales asociadas al envejecimiento tales como la disminución de la visión o de la capacidad auditiva y la presencia de enfermedades incapacitantes como la artritis, se constituyen en un freno para la práctica habitual de algunas tareas que exigen el uso de la memoria y de las funciones asociadas a esta.
Cuando ahondamos un poco más, vemos que detrás de las pérdidas funcionales que mencionamos, aparecen otras vivencias como la profunda sensación de haber dejado de ser útiles y, en el peor de los casos, de ser más bien un estorbo para los demás.
La soledad, las múltiples pérdidas afectivas que suelen acompañar la vejez, la sensación de estar sobrando y la enorme tristeza derivada de estas experiencias parecen contribuir sin duda a que se produzcan dificultades con la memoria. Es cierto que la estimulación a través de los ejercicios favorece el desempeño cognitivo, pero es preciso resaltar el elemento catalizador potente en que se convierte la relación humana que se establece entre todos los que trabajamos en el taller.
La compañía, la solidaridad, el afecto y la valoración por el esfuerzo que realizan los participantes son claves fundamentales en la mejoría de sus habilidades cognitivas.
Los ancianos son muestra viviente de la conocida expresión “recordar es vivir”. En este sentido, recuerdan perfectamente lo que han construido, lo que ha dado un sentido a sus vidas. Las personas mayores se recrean en esto, el presente parece tener poco que ofrecer y ello provoca la pérdida de motivación para realizar el esfuerzo de recordar.