17.7.13

La tarea de Ruth Ortíz.

Finalmente, y como parecíamos esperar todos, José Bretón fue declarado culpable del asesinato de sus dos hijos, Ruth y José, de 6 y 2 años de edad.

Ahora respiramos aliviados. Confiamos en la justicia, acompañando a  Ruth Ortíz, madre de los pequeños, cuando afirma que este veredicto "la reconcilia con la sociedad y la justicia".

Parece que esta sentencia es el cierre perfecto de un caso que ha mantenido expectante a toda España y que ha traspasado las fronteras del país.

Sin embargo, es ahora cuando Ruth tendrá que enfrentar su pérdida. De verdad. Sin el cobijo y el humo de los medios, que han convertido en asunto público una tragedia privada y personal.

Apenas unas horas después de saberse el veredicto, Ruth declaraba ante la prensa.

El diario El Mundo  recoge sus palabras. Ella habla de paz recobrada. De la significación de la sentencia que "marca un antes y un después" en su vida. Y efectivamente debe ser así: paz por cerrar la duda sobre el destino de sus pequeños. Día significativo porque marca la entrada en su propia intimidad como madre que debe hacerse a la terrible realidad de la pérdida definitiva de sus hijos.

El duelo es un asunto personal. Que no puede servirse del odio generalizado ni del afán de venganza ni de los gritos irascibles de la calle.

Todos esos elementos perturban el proceso de elaboración. De la digestión de esa pérdida irreparable. Porque están orientados hacia afuera. Y el duelo se elabora hacia adentro.

Confiemos en que al fin los medios, ocupados en otras tragedias y en otros casos, permitan que Ruth se enfrente a su ineludible verdad.

Esperemos que ella pueda desprenderse de lo público y sea capaz de, a solas,
hacerse con la realidad de que sus hijos están real y irreparablemente ausentes.
Para siempre.

19.6.13

"Un niño que teme a su padre no corre a sus brazos"

Un argumento manido de los maltratadores es señalar las expresiones de amor de sus hijos como prueba de su inocencia.

Lo peor es que, en muchos casos, este razonamiento es repetido y aceptado como válido por jueces, fiscales y otras personas encargadas de tomar decisiones en torno a la relación del niño con sus padres, estableciendo  un paralelismo según el cual el niño se maneja igual que un adulto. Que es simplemente un adulto pequeño. Y entonces,  así como se espera que un adulto no quiera la cercanía de quien le agrede, se supone que un niño actuará de la misma manera.

Para poder entender el comportamiento infantil, es necesario conocer la mente de los niños. Su afectividad. Su subjetividad.

Y es que para los niños, siempre, y bajo cualquier condición, los padres son los referentes y las figuras de amor principal.

No importa cómo estos adultos actúen. Ni de qué manera se dirijan a sus hijos. En todos los casos el niño se pondrá en sus manos y sentirá por ellos un afecto incondicional.

Niños maltratados. Niños abusados. Aunque internamente sepan que algo inadecuado ocurre, aunque sientan miedo, rabia, confusión, estos sentimientos se entrelazarán con el amor sincero. De ahí que el daño que provocan el maltrato y el abuso ejercido por los padres, siempre deje secuelas más profundas que cuando proviene de otro no tan importante.

Los niños aprenden el mundo a partir de cómo lo muestren los adultos de referencia. De ahí que la transmisión cultural ocurra en casa. De ahí que, por ejemplo, muchos niños maltratados ejerzan de agresores o de víctimas en otros espacios.

Pero además, el vínculo padres-hijos se sostiene en una relación desigual donde el niño está desamparado, sin herramientas de supervivencia y donde depende física pero también psicológicamente de esos adultos que deberían protegerlo, cuidarlo, acogerlo. Ese desvalimiento crea un lazo indisoluble en la infancia. Hace que cualquier cosa, incluidos el dolor o la humillación sean, para el niño,  preferibles a la muerte que significaría ser abandonado y dejado a su suerte.

Hoy está en pleno proceso el juicio contra José Bretón por el supuesto asesinato de sus hijos. La frase que da título a este post está recogida por los medios de comunicación como cita textual de las declaraciones del acusado.

Esperemos que los encargados de decidir sobre este caso entiendan que el hecho de que un hijo exprese amor por su progenitor no prueba otra cosa sino que es su hijo. Y que atiendan a otros datos que sí sean importantes para probar su inocencia o su culpabilidad.

Y que en otros casos donde el maltrato se esté juzgando, también lo entiendan.