26.5.11

¡Bravo Catherine!

A mediados del mes pasado, Catherine Zeta-Jones reconocía públicamente padecer un trastorno bipolar. La noticia fue recogida inmediatamente por los medios. Por ejemplo,  en  BBC Mundo se resaltaba la búsqueda de ayuda por parte de la actriz como una sana disposición por su parte. Después de ella, Demi Lovato (la estrella Disney) también declaraba sufrir el mismo padecimiento mental.

Podrían parecer éstos unos gestos pequeños y triviales. Pero no. Porque en la actualidad, en pleno siglo XXI, la enfermedad mental continúa siendo un estigma. Y la búsqueda de ayuda especializada para el padecimiento mental, sigue siendo un asunto secreto en muchos sectores.

La vergüenza tiene aún hoy un papel preponderante cuando se trata de la psique. Y aunque el padecimiento emocional causa verdadero sufrimiento, mucho más pronunciado e incapacitante que ciertos problemas  físicos, la actitud general hacia uno y otro es marcadamente diferente.

No es casual, por ejemplo, que en repetidas ocasiones se prolongue el acceso a la psicoterapia por la búsqueda de una raíz física para el malestar. Cardiopatías, trastornos tiroideos o patologías respiratorias suelen ser las primeras hipótesis a descartar por pacientes y médicos cuando hay claros síntomas de ansiedad (nerviosismo, insomnio, sudoración, mareos) y si bien es atinado hacer una criba de posibles problemas orgánicos, en ocasiones la insistencia por dar con una causa física inexistente que explique la sintomatología (pruebas y analíticas repetidas, paseos por los despachos de diferentes profesionales de la misma especialidad para cazar el error diagnóstico...) indican el deseo de que todo sea debido a un fallo del cuerpo y no de la mente.

No es azaroso que en el sistema sanitario para acceder a la psicoterapia haya que pasar primero por el vistobueno del psiquiatra (y me refiero tanto al caso de la sanidad pública como al funcionamiento de las compañías privadas de seguros) porque el psiquiatra es un médico y el psicólogo no. Es decir, en este simple ademán, se vuelve a observar la prevalencia de la consideración organicista.

No es producto tampoco de la simple casualidad que las sesiones de psicoterapia tengan una duración limitada y se organicen en una frecuencia insólita: cada mes o cada dos meses. Algo así como reconocer que la problemática no pasa por una intervención farmacéutica, y a la par, asignarle al tratamiento una validez no demasiado creíble.

Las víctimas de esta consideración de la enfermedad mental como un asunto de segunda categoría son sin duda alguna los propios pacientes y sus familiares. Y como es un hecho comprobado que mirar para otro lado no hace que las cosas dejen de existir, la falta de atención apropiada y a tiempo hace que muchas problemáticas se compliquen y se cronifiquen. 

Con este panorama, el gesto de Catherine Zeta-Jones es un ademán valiente. Un grano de arena para que la salud mental vaya ganado terreno como un tema fundamental para el ser humano.

Por eso, cierro este post tal y como lo abrí: ¡Bravo Catherine!

Escrito por Esther Roperti.

19.5.11

XI Jornadas de las formaciones Clínicas del Campo Lacaniano en España


Amor, Odio e Ignorancia" Clínica de las pasiones. Es el título elegido para estas Jornadas que se llevarán a cabo en Vigo el día 28 de mayo de 2011.

"Lo que de este modo al Otro le es dado colmar, y que es propiamente lo que no tiene, puesto que a él también le falta ser, es lo que se llama el amor, pero es también el odio y la ignorancia.
Son también, pasiones del ser. Lo que evoca toda demanda más allá de la necesidad que se articula en ella, y es sin duda aquello de que el sujeto queda privado, tanto más propiamente cuanto más satisfecha queda la necesidad articulada en la demanda" (J. Lacan, La dirección de la cura y los principios de su poder)



PROGRAMA

Mañana
8:30 Inscripciones y recogida de información

9:00 a 9:30 Apertura.

Camila Vidal, presidenta de la APsG

9:30 a 10:55 Mesa 1
Modera: Palmira Dasí (Valencia)


“Des(a)r”Manuel Rebollo (Tarragona)
“Las pasiones del alma según el cuerpo”Joan Salinas-Roses (Barcelona y País Vasco)
“La clínica del a en el marco de las pasiones”Alejandra Rifé (Barcelona)

10:55 a 12:00 Mesa 2
Modera: Gloria Fernández (Madrid)

“Condenada a lo imposible”
Emilia Malkorra (País Vasco)
“Pasión de lo que no hay”

Victoria Torres (Asturias)
“Transexualidades o las evanescencias de la pasión”

Hugo Monteverde (Galicia)

12:20 a 12:50 Pausa

12:50 a 13:45 Mesa 3
Modera: Manuel Baldiz (Barcelona)

“De creer a saber, o el fin de una relación de amor”
Trinidad Sánchez-Biezma de Lander (Madrid)
“Del amor al deseo”
Cora Aguerre. (Galicia)

14:00 Comida

Tarde


16:30 a 18:00 Mesa 4
Modera: Isidre Bosch (Tarragona)


“Una respuesta femenina al amor-odio del hombre sobre la violación de Lucrecia”
Amparo Ortega (Valencia)
“En(a)morada. Reflexiones psicoanalíticas sobre el maltrato a la mujer”
Carlos Veiga Martínez y Blanca Sánchez Gimeno (Asturias)
“La pasión no quita conocimiento”
Sabino Cabeza (Valencia)

18:00 a 18:30 Clausura

Joan Salinas-Roses presidente de Jakinmina, Formaciones Clínicas del Campo Lacaniano del País Vasco.

21:30 Cena


Inscripción a la Jornada
Publico en General: 30€
Mismo día de las jornadas: 35€
Miembros y alumnos F.C.C.L: 10€

Información e Inscripciones: lebvala@hotmail.com o camilavidal@hotmail.com



5.5.11

¿Qué representa La muerte de Bin Laden?

Este lunes amanecíamos con la noticia de la muerte de Bin Laden. Los medios se hacían eco del suceso. De cómo Estados Unidos había alcanzado, al fin, el objetivo de acabar con el riesgo que representaba este hombre.

Se ha hablado de justicia. De dignidad. De perseguir la paz. De alivio. De fin del miedo. De recompensa de las víctimas.

Y es que Bin Laden se había constituido en una amenaza perenne. Miles de muertes pesaban sobre su figura. Y la multiplicidad de rumores sobre su paradero, intranquilizaban, angustiaban.

Muchos reportajes, como el publicado por El País este 2 de mayo, han fotografiado las reacciones a la muerte de Bin Laden.

Leer sobre el efecto de este suceso en los newyorquinos significa encontrar diferentes respuestas: Venganza pura. Euforia. Alivio. Sentimientos confusos y extremos.

Por ejemplo, se recogen trágicas escenas de rabia: "A mí me gustaría que estuviera vivo y que pudiéramos desfilar frente a él, escupirle y torturarle... perdí a mi novio, él lo mató... yo solo quiero ver el cuerpo de Bin Laden".

También escenas de dolor, de reactivación de la pérdida frente al lugar de los sucesos.

O escenas de abstención, como en aquellos familiares que "prefirieron no celebrar, porque aún no han asumido la pérdida de sus seres queridos".

La multiplicidad de imágenes posibles indican cómo el duelo, aunque se trate de un asunto social, es sobre todo, un tema personal. Individual.

Porque hablamos de duelos. Es decir, del proceso que implica elaborar la muerte de alguien querido. Del largo proceso que permite hacerse con la vida, con una vida nueva y reconstruida, que asuma y acepte la falta, la pérdida.

Hay duelos más fáciles. Y hay duelos más complicados. Diversas condiciones pueden interferir con la sana elaboración.

No cabe duda que los atentados del 11 de Septiembre de 2001 crearon un escenario con múltiples condiciones que han complicado los duelos por las numerosas muertes. Por eso, casi diez años después, las heridas no han cicatrizado. No es casual que la conocida como "zona cero" aún no haya sido reconstruida. Que siga estando presidida por grúas que pretenden una reestructuración que a día de hoy,  no ha sido posible.

Lo inesperado del suceso es una piedra contra la cual ha tropezado esta elaboración. Porque cuando la muerte se produce de manera intempestiva se aumenta la sensación de sinsentido. De que no debió ocurrir.
De que se trata de un mal sueño del que esperamos despertar. Por eso es más fácil adaptarse a la desaparición de un ser querido tras una larga enfermedad. Y una muerte sorpresiva, que nos salta a la cara, como la que padecieron miles de personas ese 11 de Septiembre, requiere un esfuerzo añadido para superarse.

Pero además, no ha habido reparación, y es que cuando algo nos daña, los gestos reparatorios ayudan a sobreponerse. Por eso, por ejemplo, es tan importante recibir una disculpa de boca de alguien que nos ha lesionado. Por eso, también, muchas medidas disciplinarias no se limitan el castigo, sino que pasan además por la imposición de una acción que remiende el daño causado (cuando, por ejemplo, a alguien que ha ejecutado actos vandálicos se le condena a limpiar las calles). Desde aquí, las víctimas de los atentados habían quedado sin reparación. Bin Laden seguía siendo una amenaza real. No había existido ningún gesto de arrepentimiento. Ninguna disculpa. Ninguna reparación. Así, esas terribles heridas quedaban vivas, abiertas.

Pero además, el atentado perpetrado sobre New York marcó la historia. Se ha convertido en un hito que cambió el mundo. Ese día ha sido recordado y repetido en el planeta entero miles de veces, con imágenes aterradoras de muertes y dolor. Se ha convertido en un asunto mediático. De dominio público. Y eso trastorna la elaboración. Porque los afectados se saben objeto de miradas, de comentarios, de reportajes, de noticias. Su dolor es de dominio público, cuando es, en realidad, un asunto íntimo. No es casual que, según las informaciones, la gran mayoría de los familiares de los fallecidos no haya participado en las celebraciones desatadas por la muerte de Bin Laden. Las celebraciones han sido un tema público, de la ciudad. Pero los afectados personalmente, con ese ademán de separarse del hacer mayoritario, han intentado sostener sus pérdidas como asuntos personales.

También está la herida narcisista. Porque Estados Unidos es un imperio. Se sabe imperio y actúa como tal. Desde ahí que un simple grupo terrorista (terriblemente peligroso, sí, pero pequeño ante el poderío norteamericano) haya sido capaz de desplomar toda una ciudad, ha sido vivido como una afrenta. Como una osadía tremenda. Por eso, aunque se es consciente de que la muerte de Bin Laden no acaba con el riesgo de ataques terroristas (Al-Qaeda sigue vivo) la sensación de triunfo es la imperante en estos momentos. Haber acabado con él recoloca las cosas: Demuestra que el poder está del lado estadounidense. De allí el alivio.

Pero ese alivio es nacional. No tiene que ver, necesariamente, con el sentir de los implicados directamente. Incluso, puede convertirse en un obstáculo, ya que muchas veces existe la fantasía de que ser redimido mediante el castigo del culpable de una pérdida, traerá maravillosos efectos. Se espera, de manera inconsciente, que el gesto de castigo devuelva las cosas a su orden, a cuando el fallecido vivía, es decir, que esa acción lo resucite. Y eso no sucede, claro. Entonces la frustración de esos deseos de inmortalidad hacen más penoso el enfrentamiento con la inevitabilidad de la muerte.

Esto duelos continúan en proceso. Cada sujeto dañado seguirá elaborando la pérdida. Cada quien con sus herramientas. Cada quien con sus propios recursos. La muerte de Bin Laden es un factor más que habrá que incorporar. Pero no define lo que cada individuo implicado sentirá a partir de ahora. Aunque las imágenes señalen celebraciones y euforias,  las verdaderas víctimas están en otro lado. Fuera del alcance de las cámaras. En un lugar privado que salvaguarda la intimidad de su proceso interno.

Escrito por Esther Roperti.